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Carta a Álvaro Pérez - 217 visitas

El Bigotes

Carta A

Estimado señor Pérez:

Me llamo Eustaquio de Parma-Fernández, y te escribía esta carta para pedirte mis regalos de Navidad.

Este año me he portado muy bien: aunque mi papá murió de frío el invierno pasado y mi mamá no siempre nos trae suficiente comida (aunque trabaja 23 horas al día y se levanta media hora antes de acostarse) he procurado siempre ser muy bueno con mi hermanito pequeño Nuño Fulgencio, dejándole siempre el sitio más cómodo para dormir del puente bajo el que vivimos. Además, siempre que podía ayudaba a las abuelitas y a las personas que no ven a cruzar la carretera y he sido muy tranquilo en clase. ¡Incluso la seño me felicitó un día!

Por eso, te quería pedir que esta noche me trajeras un poco de pan para que mi madre y mi hermanito podamos desayunar buen mañana por la mañana, y esa peonza de madera tan divertida que anuncian en las revistas. Además, creo que a mi hermano pequeño le haría falta otra mantita (últimamente hace mucho frío en Madrid).

Por lo demás, tan sólo te pido que traigas un poco de felicidad a este mundo, y que le pidas a Dios que la gente esté más contenta y que nunca le falte comida.

¡Muchas gracias!

Carta B

¿Qué pasa Alvy tío?! Soy yo, el Basurilla, el Zequi! Jajaja qué cabronazo cuánto tiempo sin saber de tí! Joder desde que han pillado al cabrón del curita con la mierda de los trajes y a Don Vito la cosa se ha puesto un poco chunga, la verdad es que hace mucho que no sé nada de tí… ¡Estás muy parao últimamente tío! Como sesenta y cinco millones de españoles que lo dijo el otro día el barbitas jajaja Seguir leyendo Carta a Álvaro Pérez »

Más Santo que su abuela - 449 visitas

Os diré que no pensaba siquiera encender el ordenador durante el fin de semana anterior a la Selectividad, pero la insistencia de Emilio (visitante habitual y comentarista esporádico) y algo que había pasado desapercibido ante mis ojos cuando hace meses estudiamos a Santo Tomás de Aquino me han empujado a escribir un artículo. Seré breve:

En la obra “Summa Theologicae” (s. XIII) de Santo Tomás de Aquino, concretamente en la Quaestio 94, Articulus 5, en la respuesta a la segunda objeción, dice lo siguiente:

Ad secundum dicendum quod naturali morte moriuntur omnes communiter, tam nocentes quam innocentes. Quae quidem naturalis mors divina potestate inducitur propter peccatum originale; secundum illud I Reg. II, “dominus mortificat et vivificat”. Et ideo absque aliqua iniustitia, secundum mandatum Dei, potest infligi mors cuicumque homini, vel nocenti vel innocenti. Similiter etiam adulterium est concubitus cum uxore aliena, quae quidem est ei deputata secundum legem divinitus traditam. Unde ad quamcumque mulierem aliquis accedat ex mandato divino, non est adulterium nec fornicatio. Et eadem ratio est de furto, quod est acceptio rei alienae. Quidquid enim accipit aliquis ex mandato Dei, qui est dominus universorum, non accipit absque voluntate domini, quod est furari. Nec solum in rebus humanis quidquid a Deo mandatur, hoc ipso est debitum, sed etiam in rebus naturalibus quidquid a Deo fit, est quodammodo naturale, ut in primo dictum est.

Que en castellano viene a decir:

A la segunda hay que decir: En principio todos los hombres mueren de muerte natural, tanto los inocentes como los culpables. Y esta muerte es infligida por el poder divino a causa del pecado original, según la expresión de Re 2,6: “El Señor da la muerte y la vida”. Debido a lo cual, por mandato divino se puede dar la muerte a cualquier hombre, inocente o culpable, sin ninguna injusticia. A su vez, el adulterio es la unión carnal con una mujer que, si pertenece a otro, es en virtud de una ley establecida por Dios. Y, en consecuencia, el hombre no comete adulterio ni fornicación cualquiera que sea la mujer a que se una por mandato de Dios. La misma razón vale también para el robo, que consiste en apropiarse lo ajeno. Pues cualquier cosa que se tome como propia por mandato de Dios, que es dueño de todas las cosas, ya no se toma, como en el robo, contra la voluntad de su dueño. Y esto no sucede sólo en las cosas humanas, donde lo que Dios manda es, por eso mismo, obligatorio, sino también en el orden físico, donde todo lo que Dios hace es en cierto modo natural, según se expuso en la Parte I (q.105 a.6 ad 1).

Leyendo esto he entendido tantas cosas… Y no voy a decir más, aunque me pese, porque quiero apagar el ordenador de una vez y porque no quisiera herir sensibilidades. Pero me permito la libertad de pensar lo que me salga de los cojones, aviso. Así que si alguien quiere comentar algo y explicarme qué demonios quiere decir Santo Tomás aquí, yo lo recibiré con agrado, pero entonces quizás deje de guardarme lo que estoy pensando.

Dedicado a Emilio, con cariño.