Muy buenas a todos, queridos lectores. Un año más me encuentro ante mi cita habitual para repasar el año viejo, a unas pocas horas de que saludemos al nuevo; por supuesto no podía dejar pasar lo que ya se ha convertido en una tradición. Y sin embargo, no sé si es porque ya es muy tarde y tengo sueño o por qué, pero llevo ya un buen rato intentando escribir este artículo y no puedo, no me siento inspirado. He tratado de hablar de mis amigos del Juana de Castilla a los que ya veo muy de vez en cuando; de Emilio e Iván, a quienes echo de menos y con quienes me gustaría echar un frontón un día de estos; de mis nuevos compañeros de la Universidad… Pero no puedo. El primer año que escribí mi resumen me sentía lleno de felicidad, y quería proclamarlo a los cuatro vientos; el segundo estaba furioso y cabreado, y también quería plasmarlo aquí, pero este año sólo me encuentro triste y cansado. Me encuentro tan agotado por tantas cosas, que lo único que quiero ya es meterme en mi cama, comerme mañana las doce uvas de la suerte y desear que el año 2010 sea menos malo que lo que ha sido para mí el 2009.
Ha habido momentos este año en los que me he sentido completamente muerto. Ha habido momentos que me he sentido tan hundido que ni siquiera tenía fuerzas para pestañear, y ha habido momentos en los que he gritado de rabia y con los ojos enrojecidos, sabiendo que mi grito se perdería en el abismo en el que yo me encontraba. He pasado por situaciones horribles con Elisa, y ahora no tengo ganas ni aliento para recordarlas. He pensado en decenas de ocasiones que todo iba a acabar, que mi vida volvería a ser tan gris como antes, que ya nada tenía sentido…
El único consuelo que me queda ahora es que Elisa y yo ya hemos superado todo eso, y ahora me encuentro totalmente feliz con ella. Durante los más de dos años que llevo saliendo con ella he pensado cada día: “¿cómo es posible que la quiera tanto?”, y me he encontrado con que cada día la quiero más. En realidad, la única imagen feliz que ahora se me viene a la cabeza es la de su sonrisa, la de sus ojos. La única razón por la que este año horrible no ha sido del todo fatal, es que ahora estoy genial con mi chica, y ella conmigo. Nos hemos hecho daño en el pasado, pero hemos conseguido sobrepasar ese bache. Jamás pensé que podría dar tanta importancia a gestos tan inocentes como una mirada, o una caricia… Jamás pensé que una chica podría convertir el día más gris del mundo en algo insignificante. Y la mía lo ha hecho siempre que lo he necesitado. Elisa siempre está ahí cuando necesito hablarle de cualquier cosa, por tonta que parezca… Siempre está ahí cuando sabe que necesito hablar, aunque parezca inútil. Y eso es algo que no tengo palabras para agradecer.
A lo mejor esperabais un mensaje pasteloso dirigido a alguien más que a mi novia. Lo siento. Tan sólo os deseo a todos los que leáis esto que todo lo que os haya ido bien este año siga igual para el 2010, y que lo que os haya ido mal, os mejore
Yo para mí, tan sólo pido un poco de ilusión y de esperanza. Últimamente ando algo pesimista……………………………
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[...] Y aquí terminó el primer discurso de Zaratustra, que también se llama el “prólogo”: puesto que en este momento le interrumpieron el griterío y la alegría de la multitud.
―¡Danos a ese último hombre, oh Zaratustra, —así gritaban— haz de nosotros esos últimos hombres! ¡El superhombre te lo regalamos!— Y todo el pueblo se alborozaba y chasqueaba con la lengua. Zaratustra, en cambio, se entristeció y le dijo a su corazón:
― No me entienden: no soy la boca para estos oídos.
“Demasiado tiempo, en verdad, he vivido en la montaña, demasiado he escuchado a los arroyos y a los árboles: ahora les hablo como un pastor de cabras.
“Impasible está mi alma y clara como la montaña al mediodía. Pero piensan que soy frío y un guasón de terribles burlas.
“Y ahora me miran y se ríen: y mediante su risa me odian aún. Hay hielo en su risa.”
[...]
Largo tiempo durmió Zaratustra y no sólo el alba pasó sobre su rostro, sino también la mañana. Finalmente se abrieron sus ojos: sorprendido miró Zaratustra el bosque y el silencio, sorprendido miró dentro de sí mismo. Entonces se levantó deprisa, como un marinero que de pronto ve tierra, y se alborozó: pues había visto una nueva verdad. Y habló así a su corazón:
― Se me ha encendido una luz: compañeros necesito, y vivos, —no compañeros muertos y cadáveres, que llevo conmigo a donde quiero.
“Sino compañeros vivos, que me sigan porque quieren seguirse a sí mismos —y adonde yo quiera.
“Se me ha encendido una luz: ¡no hablará a la gente Zaratustra, sino a compañeros! ¡No debe ser Zaratustra pastor y perro de un rebaño!
“Atraer a muchos lejos del rebaño —para eso vine. Que me regañe el pueblo y el rebaño: ladrones llamará Zaratustra a los pastores.
“Digo pastores, pero ellos se dicen los buenos y los justos. Digo pastores: pero ellos se dicen los creyentes de la verdadera fe.
“¡Mira a los buenos y los justos! ¿A quién odian más? A aquél que rompe sus tablas de valores, el rompedor, el transgresor: —pero éste es el creador.
“Compañeros busca el creador y no cadáveres, ni tampoco rebaños y creyentes. A los compañeros en la creación busca el creador, a aquellos que escriben nuevos valores en las tablas.
“Compañeros busca el creador, y compañeros en la cosecha: porque para él todo está maduro para la cosecha. Pero le faltan cien hoces: por eso arranca espigas y se enfurece.
“Compañeros busca el creador, de los que saben afilar sus hoces. Destructores les llamarán, desdeñosos del bien y del mal. Pero en realidad son los cosechadores y los que celebran.
“Compañeros de creación busca Zaratustra, compañeros de cosecha y de celebración busca Zaratustra: ¡qué tiene que buscar entre rebaños y pastores y cadáveres!”
[...]
― Así comenzó el ocaso de Zaratustra. “Así habló Zaratustra”, Friedrich W. Nietzsche, 1885
Casi había olvidado el indescriptible placer de leer, y el grandioso escalofrío que te recorre la columna vertebral cuando lees algo que expresa de una manera tan estética tus propios sentimientos…
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En esta cultura nuestra que gastamos abajo a la izquierda de Europa, utilizamos los insultos para todo menos para insultar, y eso hace que en ocasiones pierdan el valor para el que fueron creados. Aun así, todavía somos capaces en algunas ocasiones de expresar nuestro desprecio y desagrado para con una persona determinada: diciendo que es un gilipollas.
Decir que alguien es un gilipollas no es lo mismo que decir que es gilipollas. Sólo he repetido esta palabra tres veces y ya me suena raro. Cuando dices que alguien es gilipollas todavía puedes decirlo en tono cariñoso o desenfadado, queriendo significar que es idiota, o despistado, o inocente; y esto se utiliza en multitud de ocasiones, sin que en la mayoría de ellas queramos realmente ofender a la persona en cuestión. Pero cuando decimos de alguien que es un gilipollas, estamos hablando de una cosa mucho más seria, amplia y negativa. Seguir leyendo Cómo ser un Gilipollas »
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