Sin noticias de Juanlu - 1,610 visitas
Hoy he tirado unos quince metrobuses gastados a la papelera. Puede parecer una completa estupidez y una manera absurda de comenzar a escribir, pero lo cierto es que llevo los veinte minutos que han pasado desde que lo he hecho pensando: “he tirado unos quince metrobuses gastados a la papelera”.
Cuando lo he hecho me he sentido muy raro. En primer lugar, mientras me acercaba a la papelera todo parecía haberse quedado en silencio. Después, noté los metrobuses desperdigarse de su ordenada formación al salir de mi mano. Y, al fin, al darme la vuelta y seguir mi camino, he confirmado lo que ya había pensado cuando metí mi mano en el bolsillo: algo más había tirado aparte de metrobuses. No sé si alguien entiende ya de lo que hablo.
Me entristece muchísimo acordarme de las amistades perdidas. Te acuerdas de viejos amigos de la infancia más temprana; aquellos de quienes te hiciste amigo sin el menor esfuerzo, con los que inventabas los juegos más absurdos y cuya amistad no necesitaba ser confirmada de ninguna de las maneras. Algunos de esos amigos se cambiaron de colegio, y nunca volviste a saber más de ellos; tal vez el que cambiaras de colegio fueras tú. No obstante, sobre todo me acuerdo de esas personas increíbles que conociste en un viaje, en un campamento, en una convivencia; personas con las que compartiste experiencias totalmente inolvidables, y con las que entablaste unos lazos que parecían irrompibles. Entonces el puto Messenger crea sus falsas promesas de amistad eterna y, al final, el contacto se ha perdido, o está reducido a una conversación tan insustancial como si se hubiera dado lugar en un ascensor o en una sala de espera. Es algo que parece inexorable, contra lo que no puedes luchar. A veces miras al cielo y dices: “¿En qué piensa la gente que no sabe qué hacer con su tiempo? ¿En qué piensa la gente que dice que se aburre? ¿Es que todo en este mundo tiene que estar tan mal repartido?”. Ojalá yo encuentre un poco y me pueda reencontrar con mis compañeros de fatigas en Dublín Juli y Adri, o con los hermanos Javi y Adri Varona. Esto va dedicado a vosotros.
Me entristece también pensar en aquellos grandes amigos que, por circunstancias del destino, no puedes ver tanto como quisieras. Por supuesto la situación contraria se da cada día: cuántos cretinos no tendré que encontrarme cada mañana a las ocho y media de lunes a viernes; pero ese es otro tema. En efecto, me estoy refiriendo a mis queridos villatobanos (y en especial al irrepetible Luis, a quien aprecio infinitamente a pesar, como él dice, de nuestros paseos del silencio
) y a mi chica, con quien ya tengo más que hablado todo este tema (ay…). Esto va dedicado también a vosotros.
Pero me entristece de una manera distinta no el perder amigos, sino que mis amigos se pierdan. Supongo que es algo normal que dos personas tengan un desarrollo intelectual diferente… pero en numerosas ocasiones eso me ha reportado pérdidas de grandes amistades. Ahí está el caso del gran Javier de los Reyes: un tío que, por encima de todo, me admiraba y me quería como a un hermano. Pero luego alguien le sentó al lado a un bakala… y Javi empezó a llevar la gorra en posiciones extravagantes y a colocar accesorios metálicos alrededor de su cara. Un comentario muy desafortunado puso fin a nuestra larga amistad. Hace más de un año que no le veo.
Y por fin, llegamos al final: mi amigo César. Lo conocí en las clases de natación cuando llegué al polideportivo de Moratalaz, y en seguida nos unió nuestra pasión por el Warhammer y por los ordenadores. Desde luego, el adoptar una determinada ideología radical no tiene por qué mellar en la amistad de dos personas… pero constantes divergencias en nuestra visión del género femenino (divergancias bastante acusadas) sumadas con el deporte juvenil nacional, el botellón, han desembocado en un resentimiento de nuestra amistad que no he podido pasar por alto. Por eso, hoy, en lugar de darle los metrobuses gastados a mi amigo César, cosa que llevo haciendo por espacio de varios años, por primera vez los he tirado a la papelera.
Ni qué decir tiene que no quiero que me los sigáis dando. Como dije, algo más cayó en la papelera aparte de metrobuses.
Dedicado a todas las personas que me aprecian, o que alguna vez me apreciaron.
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Querido Juan Luis:
He leido con cierta emoción tu comentario y tengo 2 consideraciones que hacerte: la primera es que está muy bien escrito y que refleja netamente tu aflicción por la pérdida de contacto con los que un día fueron tus buenos amigos; la segunda es que con el paso del tiempo te darás cuenta que no son uno ni dos ni tres, sino muchos con los que ésto ocurrirá, pero el tiempo, el espacio y las diversas inquietudes personales condicionan esos desapegos.
No te debe preocupar más de lo necesario ni pensar que quizás algo hiciste mal; las verdaderas amistades son inquebrantables.
Un abrazo.
PD: Eres un fenómeno, chaval. Sigue así.
Gracias Juanlu! Yo tambié te aprecio (al menos de momento…jeje) y los paseos del silencio…acabaran siendo un mito…
La verdad es que yo tambien he pensado muchas veces en este tema pero nunca lo hubiera expresado tan bien como tu lo has hecho en este artículo.
Como puedes ver ya no tengo problemas para entrar en tu página…
Hasta pronto!