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Oda al órgano - 485 visitas

He aquí el instrumento musical más sublime jamás inventado

He aquí el instrumento musical más sublime jamás inventado

Tenía muchísimas ganas desde hacía tiempo de escribir algo como esto al que para mí es el instrumento musical más sublime que se haya inventado jamás, y finalmente tuve la oportunidad en el concurso literario de mi instituto. Aunque sólo conseguí un 3º puesto, el ritmo está a veces mal conseguido y en el último cuarteto se me fue la rima, os lo dejo aquí porque para mí no está mal y porque creo que casi conseguí transmitir la solemne emoción que siento cuando paso a una catedral y veo un órgano (otro artículo pasteloso, para variar :P ).

Oda al Órgano

Entro en silencio en tu casa dormida,
busco con ansia reflejos de plata,
huelo la angustia que en mí se desata,
te encuentro por fin: angustia vencida.

Tu templo oscuro me empapa de calma:
tus bocas tan largas, bellas y finas,
tu cuerpo, oscura madera de encina,
tus dedos de mármol curan mi alma.

Colgadas mis penas antes del paso
en la fría estancia de mis ardores
de percha blanca en la puerta encontrada.

Quizás se quedaran durmiendo al raso,
quizás se durmieran sobre las flores,
quizás el saberlo no importa nada.

Entra el maestro de duro semblante,
regaña a los libros que le molestan,
se van de su silla, se sienta en esta;
suspira hondo con aire inquietante.

¡Maestro, limpia sus dedos de nieve,
pisa con tiento sus pies delicados,
trátalo bien, con debido cuidado,
sólo el amor del Maestro lo mueve!

Mas, ¿quién es capaz, o quién tan valiente
de estar sentado en el frío lugar
que sólo unos pocos conocerán?

Pues sabed que el Órgano nunca miente,
y es él el que piensa seleccionar
los elegidos que lo tocarán.

Y al fin el Maestro ataca el teclado,
las bocas ya rugen, gritan y truenan,
las notas triunfales ya me envenenan,
sublime gloria en mi lánguido estado.

Terrible música el cuerpo estremece,
llena la casa de truenos de plata;
me siento como una sencilla rata
que está temblando en el templo de Dios.

Ahora la enorme tormenta ha amainado,
ahora el Maestro abandona su silla,
ahora la casa ya está silenciosa.

¿Merezco yo ser tan afortunado?
¿Tan sólo una rata de vida sencilla?
¿Merezco oír la tormenta gloriosa?

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Comentarios - 1 hasta ahora

  1. Eva dijo:
    Lunes, 26 Mayo de 2008 a las 00:02 |

    Hello!! Soy Eva otra vez! Nada, ahora me entretengo leyendo tu poema. Es muy bello, tienes talento!! Sigue escribiendo, seguro que te lo dicen en tu casa. Me gusta la poesia, pero mi fuerte son los guiones y los dialogos (en realidad estudio comunicacion audiovisual porque me encanta el cine: mudo, clasico, actual…). De verdad, sigue escribiendo!! Hasta pronto!!

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