La penosa tarea de leer el periódico - 101 visitas
Penosa es la tarea de leer las noticias, igual da si es a diario, o una vez a la semana, o una vez al mes. Y penoso es el tener que elegir: ¿quiero ser un ignorante feliz, o una persona informada y amargada? Esto es lo que pienso cada vez que cojo un periódico, y muchas veces me dan ganas de cerrarlo de golpe y secarme las lágrimas mientras pierdo la mirada en el paisaje, apesadumbrado por la crudeza de la realidad. ¿Es mi deber conocer lo que sucede en mi comunidad autónoma, en mi país, en mi mundo? Seguramente sí. Angustioso deber, sin embargo.
Es curioso cómo a veces no puedo reprimir mi impulso, casi masoquista, de recibir mi dolorosa dosis de realidad. Recuerdo que una vez Elisa y yo pretendimos ojear los periódicos cada día en busca de alguna noticia feliz. Cuán inocentes… y cuán frustrados.
A veces es por la impactante portada. Terremoto, matanza, estafa. Miedo, estremecimiento, ira. Otras, son noticias menos relevantes, pero no por ello menos impactantes. El último juez honrado condenado; un cabrón estafador, impune; un político infame, laureado. En ocasiones ves imágenes desgarradoras, espeluznantes, aterradoras. También tienes ocasión de disfrutar con la foto de un sinvergüenza con cara de retrasado y sonrisa triunfal que acaba de engañar a medio mundo, o la de un dirigente acomodado con los ojos encendidos y en actitud violenta pronunciando un discurso populista, demagógico y efectivo. Hay otras noticias, sin embargo, que simplemente te remueven el estómago con el sólo hecho de expresar cuán estúpido, cuán caduco y vacío puede llegar a ser el “intelecto” humano. La crítica del último vestido de moda, una entrevista estúpida, un grupo ecologista con complejo de inferioridad, la foto de un futbolista donde debería haber una noticia de verdad.
Para mí, leer un periódico puede suponer arrugar las páginas con rabia en mis puños mientras decenas de quejas y gritos de rabia se agolpan en mi cabeza. A veces son tantos y tantos los gritos que no tienen espacio para salir… y se hunden en el fango de la miseria de donde salieron. El fango del mundo en que vivimos; un mundo que a veces me oprime y me humilla de tal modo que me hace sentir impotente. No soy lo bastante fuerte como para retener mis aspiraciones de arreglar un poco la parcela de la Tierra que me ha tocado, tan ásperos y crueles son los dueños de las parcelas más cercanas.
Muchas veces todos esos gritos quieren convertirse en un artículo de este blog, pequeño váter nauseabundo donde desahogo mi frustración una vez al mes. Este es el resultado de un estreñimiento.
Muchísimas gracias por leer. Hasta pronto.








Mi nombre es Juan Luis Cano, tengo 17 años y actualmente vivo en un barrio cerca del centro de Madrid, España. Como habrás podido deducir, soy la persona que da nombre a este sitio, dada mi escasa originalidad. Te agradezco mucho que te hayas interesado un poco por la persona que...






